El cepillo, por bueno que sea, no limpia bien el espacio entre los dientes — ahí es donde entra el hilo dental. Es la parte de la rutina que más gente se salta, y también la que más placa deja acumular si se ignora.
Tipos de hilo dental
- Encerado: desliza más fácil entre dientes juntos, buena opción para empezar el hábito.
- Cinta dental: más ancha y plana, cómoda si tienes espacios más amplios entre dientes.
- Flosser (hilo con mango): más rápido de usar, buena opción si el hilo tradicional se te hace incómodo de manejar con los dedos.
- Cepillo interdental: no es hilo exactamente, pero cumple la misma función — mejor opción si tienes espacios más grandes entre dientes o llevas ortodoncia.
Cómo usarlo bien, paso a paso
La técnica importa más que el tipo elegido:
- Corta unos 40-45 cm de hilo (si usas el tradicional, no el flosser) y enróllalo en los dedos corazón de cada mano, dejando unos 3-4 cm libres para trabajar.
- Desliza el hilo en forma de "C" alrededor de cada diente, abrazándolo, en vez de solo pasarlo recto entre los dos dientes.
- Muévelo hacia arriba y abajo varias veces por cada lado, sin forzarlo de golpe contra la encía — eso es lo que suele hacer que sangre y duela.
- Usa un tramo limpio de hilo para cada diente, no el mismo trozo ya usado para todos.
Un poco de sangrado los primeros días de retomar el hábito es normal; si persiste más de una semana o dos, coméntalo con tu dentista.
Cuándo hacerlo
Una vez al día basta — no hace falta más, pero tampoco menos. El momento importa menos que la constancia: por la noche, antes del cepillado final, suele ser el más fácil de mantener como hábito fijo.
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